¡Qué tiempos aquellos en los que la velocidad a la que se vivía rondaba los 40 minutos por hora, con puntas de 50, pero nunca se rebasaban ciertos límites! Antes de la época moderna, daba tiempo a todo, ya que el límite era el propio ser humano. Las cosas cotidianas y cercanas completaban el día a día de las personas, y se podían abordar con tranquilidad y sosiego.